viernes, enero 23, 2009

Análisis previo del Alta Gestión Fuenlabrada

Oleson y Blanco lideran a un equipo joven y de juego alegre

Hace unos tres años y medio, Bradley Scott Oleson llegó a Rosalía, entonces en la LEB-2, casi de incógnito, después de una temporada en una liga de desarrollo (la USBL) y de un periplo universitario poco llamativo en la lejana Alaska, su tierra natal. Hoy le disputa a Rakocevic el liderato en la tabla de anotadores de la ACB y lidera a un Fuenlabrada que busca la clasificación para los play-off sin preocuparse de mirar hacia las plazas de descenso.

En ese mismo verano de 2005, Saúl Blanco viajaba de Gijón a Fuenlabrada, donde ha ido poco a poco sumando armas técnicas a sus condiciones físicas y se ha convertido un jugador que sería titular en casi cualquier conjunto ACB.

Estos dos jóvenes comandan un Alta Gestión Fuenlabrada mucho más atlético y rápido que la temporada pasada, en el que sólo permanecen como veteranos Ferrán López y Paraíso, con un papel muy reducido. El rejuvenecimiento ha alcanzado el banquillo, donde debuta Luis Guil, conocido técnico en las categorías de formación en Estudiantes y con las selecciones españolas de base.

Tanto cambio ha afectado claramente al juego del Fuenlabrada. Esta temporada es mucho más vivo, más alegre. Sólo Tau, Joventut y Real Madrid anotan más puntos por partido. La fortaleza del rebote defensivo les permite correr mucho y acumular un gran porcentaje en tiros de dos, por encima del 55%. Pero, sobre todo su rasgo distintivo es el acierto en los triples, donde acreditan un increíble 41% con más de 22 tiros por encuentro.

Este juego está claramente influenciado por las ideas de Luis Guil y por la manera de jugar de Valters, un base muy talentoso, que siempre arriesga en el pase y hace correr al equipo, además de emplearse con acierto desde los 6,25. Veremos si juega después del golpe en la cabeza que se dio contra el Pamesa.

La gran carencia del Fuenlabrada se da en el juego interior, donde no cuentan casi con jugadores capaces de hacer daño por dentro. Guil ha ido rectificando su idea de contar con PJ Ramos muchos minutos ante su irregular rendimiento y reparte más los minutos, especialmente desde el fichaje de Tskitishvili. Tanto el georgiano de nombre impronunciable como el argentino Leo Mainoldi amenazan casi siempre jugando de cara. Sólo Antonio Bueno busca el juego de espaldas, con bastante acierto en las últimas jornadas.

Los aleros, Matías Sandes y Paraíso, sí buscan aprovechar su altura y juego al poste, algo que tendrá que cuidar el Gran Canaria cuando English, Fisher o Sanders tengan que defenderlos.

Defensivamente es mejor equipo de los que las estadísticas dicen (81,25 puntos recibidos por partido), sobre todo en el perímetro. Usan la zona con cierta frecuencia y es posible que intenten frenar a los jugadores interiores del Gran Canaria de este modo, especialmente si los locales no tienen un día fino en el tiro lejano.

El principal reto para los de Maldonado de ser recuperar la defensa intensa de principios de temporada. Con Oleson bien frenado (seguro que Fisher lo defenderá mucho tiempo), los fuenlabreños tienen problemas para jugar bien en el ataque estático. Evitar que corran, ya sea atacando el rebote ofensivo –también en ese aspecto Freeland debe ser importante- o trabajando el balance defensivo para que Valters no vea claro el segundo pase, frenaría la otra principal vía atacante.

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